jueves, 5 de junio de 2008

Historias de una botella


No soy una botella común. Durante años descansé en una apacible bodega, propiedad de un rey,  que a su vez me obsequió a un magnate de la informática.
Un día, después de una repentina fiesta, donde compartí espacio con manjares exquisitos, fui abandonada, como otras muchas en un  infame habitáculo verde. Mi tranquila existencia de meditación y recogimiento había terminado de golpe. Viajé entonces de fábrica en fábrica, de sitio en sitio, conteniendo aceites finísimos, vinos mediocres y vinagres, sin olvidar raticidas y disolventes corrosivos. Típica vida de desarraigo.
Una calurosa tarde, una joven de pelo naranja, puso en mi interior un trozo de papel. Se inicio entonces, el más intenso viaje. Sentí el frescor del agua salada y la sensación de flotar a medias entre las olas que lentamente me alejaron del puerto. No se estaba mal, razoné, y en definitiva tampoco navegaba sola. Dentro de mí, un pedazo de papel multicolor me miraba fijamente. Así que tomando aquel giro de mi vida con filosofía, me dejé llevar por el vaivén de las que serían por mucho tiempo,  junto al mudo papel, mis compañeras de aventuras.
Nunca imaginé que viviría tantas nuevas situaciones. Cierta vez, en Punta Pirámides, me vi involucrada en una orgía impetuosa. Era la época de apareamiento de ballenas. Una hembra puede copular con varios machos, indistintamente, por supuesto, en una desenfrenada intensión de procrear. Navegué sin más, en un afrodisíaco y revuelto mar de esperma.
Pero no solo he sido una ingenua espectadora, ¿recuerdan al actor Leonardo Di'Caprio agonizando de hipotermia?, la botella que a su lado se balanceaba discretamente y que le acompañaba en su gélido final, era yo.
 Me han sucedido hechos menos importantes, pero no por ello evitables de enumerar. En una ocasión logré evadir una moto acuática en pleno Océano Atlántico y en otra acompañé durante algunas brazadas a un nadador que, mientras cruzaba el canal de la Mancha, engullía plátanos isleños. Fui testigo de una nívea boda ibicenca en el mar de la China meridional, y sobre mí han caído cenizas de difuntos de variadas etnias.
Solo tengo un resquemor. El mensaje que viaja conmigo no reconoce mis esfuerzos cuando veo la costa y busco esa corriente que me aleje de playas, arrecifes y deltas. Observo a hurtadillas sus jeroglíficos y esa pálida dejadez con que desprecia los peligros. Somos incompatibles. Yo, con ansias de aventuras, él recostado contra mí, mientras la espuma marina nos arrastra al eterno horizonte.


4 comentarios:

meggan dijo...

ohhhhhhhhhhhhh que chulada!!
CASI QUE ME SIENTO BOTELLA!!
que lindo.
cierto ,que casi me haces sentir como una botella,que navega mar adentro.con s mensaje.
he podido sentir el olor a sal,el fresco de el aire ,las olas ,y las ballenas..madre mia
que bonito .muchas gracias
me ha encantado!!
SOY COMO UNA BOTELLITA EN EL MEDITERRANEO.
besos de hormiga

ah!! ENTRE EN EL BLOG QUE MENCIONAS
buenolei raido tengo que leerlo con mas calma.UNO MÁS PARA LA COLECCION!!
besos

KAMELUCHA--MELA dijo...

Que hermoso ,,,uffff...ya lo creo
cuantos recuerdos se recogen ahi dentro, sin que nadie se de cuenta, cuatas historias,...
felicidades..me gustoooo..
un abrazillo...

Pinocho dijo...

....y quién recogerá esa botella?


De momento yo con una sonrisa en los labios.
Buenas noches preciosa.

pafermi dijo...

Pinocho, esa botella debe atravesar el Cabo de Hornos, encallar en los corales de la Polinesia, navegar por el Mar Indico,bojear la isla de Madagascar, ver algun atardecer desde Ibiza,para llegar despues hasta tu sonrisa, entonces la pondrás tener cerca de tí y así tus palabras tendrán siempre el sabor de todos los mares.